sábado, 10 de mayo de 2008

Postales de M.E.


Mi amiga M.E. es la más viajera de todos.
Estambul, Hanoi, Burgos, Buenos Aires, Oviedo o Milán. También Petra, Teotihuacan, Boston, León, Jaipur, Bruselas, Marrakech,...





M.E. viaja mucho, recorre el mundo, y siempre, siempre, envía postales.


En el fondo de una caja, bien guardadas, tengo una postal de un Nueva York, todavía con las Torres, o aquélla otra con una de nuestras obras de ingeniería preferidas, la Presa de Asuán. Están recogidas en esa caja la luz cálida de Lisboa o la imagen del Teide enviada desde Canarias, también una frase: “con una rodillera para que mi pierna aguante el recorrido por la Muralla”, que M.E. me escribía desde China, o sus sensaciones tristes después de visitar la ciudad de Lima.

Postales y más postales.





Otras, más recientes, como las que aparecen en este post, han llegado a veces algo estropeadas, después de recorrer miles de kilómetros. Y han acabado perforadas, pinchadas en un corcho, apoyadas en una estantería, metidas entre libros... Lugares cotidianos, aparentes, que me traen a la vista esos otros lugares, a veces tan remotos desde los que M.E. siempre encuentra un momento para escribir.




Desde Siria hasta mi buzón llegó el alfabeto más antiguo de la historia, o enormes raíces de enormes árboles que envolvían templos en Camboya. Apareció Van Gogh fumando, como no podía ser de otra manera, desde Amsterdam, o postales donde M.E. me contaba de mosaicos, columnas persas, restos romanos, ruinas mayas...

Llegué un día a casa y leí las palabras de M.E. que decían “lo que se ve en la postal es lo que acabamos de hacer”. En la postal se veía una avioneta y la silueta inconfundible del Everest, y sentí a M.E., que estaba tan lejos, muy cerca.




He recibido fotografías del impresionante desierto de Túnez, sellos preciosos que llegaban de México, bonitos caracteres del Devanagari impresos en postales indias...



Guardo todas las postales y me encanta, cuando M.E. se va de viaje, llegar a casa y abrir el buzón.















Porque es genial que entre avisos del banco, circulares de la comunidad de vecinos, y propagandas varias, aparezca una postal con una foto bonita que me acerca un trocito del mundo, y darle la vuelta y encontrar las palabras de M.E. y leer lo que cuenta con esa letra tan familiar y tan cercana para mí.
La letra amiga de mi amiga más viajera.


jueves, 1 de mayo de 2008

Día del Trabajo



La frase ha perdido fuerza. Ni yo misma me la creo después de ver las terribles dictaduras de los países comunistas.
Pero lo cierto es que para una trabajadora y gran mitómana como yo, fue muy emocionante tocar esas palabras grabadas en la piedra.

Proletarios del mundo, uníos ,
dijo Marx

Fotos tomadas en Moscú, en Agosto de 2006

jueves, 24 de abril de 2008

Dos veces

Una vez sólamente he estado enferma. Y cada vez que lo pienso, agradezco la grandísima suerte que tengo de tener salud, y deseo con todas mis fuerzas que se curen aquéllos que estén enfermos.
Sólo una vez. Aunque esa vez mi columna dañada me llevase al quirófano y a una rehabilitación de siete meses.
Pero es muy duro recordar aquéllo.
Mejor cambiaré el tono de este post.

He dicho una vez. Excepto algún catarro y dos esguinces, nada. Muy chulita, yo, presumiendo de salud siempre. Nada de alergias, jaquecas, una otitis, miopía, nada...Yo me he dicho muchas veces: ”por no tener, no has tenido ni la gripe”, así, tuteándome, con confianza. Y seguía hablándome a mí misma: “Cristina, en Esparta te hubieras agarrado al monte Itome, fijo que sí”. Yo, bien creída, llamándome por mi propio nombre.

Una vez sólamente.
Hasta hace unos días. No se me está mal. Por sobrada.
Hace unos días un virus gástrico decidió entrar en mi cuerpo. Como si fuera un Alien de serie Z de estas pelis de Caronte, el puto virus no sólo entró sino que se quedó ahí, agazapado, incubándose a sí mismo. ¡Traidor! Según dijo la doctora la tragedia empezó el fin de semana y fue el lunes a las siete de la mañana el momento en el que el virus agresor decidió manifestarse. El muy cabrón obligó a mi estómago a expulsar fuera de sí todo tipo de materia sólida o líquida una vez y otra vez y otra y otra y...
Y en cada una de esas veces yo, hasta hace poco la más guay de las ciudadanas de Esparta, iba perdiendo fuerzas, ánimos, voluntad...
Me lo tengo merecido. Por creerme la más fuerte.
El maldito bicho provocó otro tipo de desórdenes como por ejemplo una subida de la temperatura que me hizo tener mucho frío y acabar metiéndome en la cama, atención, es difícil escribir ésto, pero allá va: ¡¡con calcetines!! Estaba perdiendo la salud pero acababa de ganar el premio a la cutrez.
La noción del tiempo se pierde cuando todo gira en torno al cuarto de baño, pero el hecho es que pasaron horas y horas y más horas del día siguiente y más y más... A esas alturas el malnacido se había apoderado no sólo de mi estómago, sino también de mis intestinos, mi ritmo cardíaco y de mi dignidad.
Y así seguí, oh, mísera de mí, sufriendo. Y cuando estaba a punto de entregarle al resistente virus hasta mi alma, el “Primperán” empezó a hacer efecto. Viva la Medicina. Y vivan Pasteur, Fleming, Koch, Lipster, el Dr. Barnard, Ramón y Cajal...y tantos otros que hacen posible que yo, por segunda vez, haya vuelto del túnel y siga en el mundo de los vivos.

Y para que se vea que no he exagerado nada, ahí dejo una foto de mí misma y de los efectos del jodido virus.
He sentido la fría mano de la muerte.


lunes, 14 de abril de 2008

Tal día como hoy

Tal día como hoy de 1931 se proclamó la Segunda República Española.

Y después, así hicieron que acabara...


TUS CUERPOS HAN ARDIDO Y TUS CAMPOS

INFECUNDOS DAN COSECHA DE HAMBRE;

RASGA TU AIRE EL ALA DE LA MUERTE;

TRONCHADOS COMO FLORES CAEN TUS HOMBRES

HECHOS PARA EL AMOR Y LA TAREA;

Y AQUELLOS QUE EN LA SOMBRA SUSCITARON

LA GUERRA, RESGUARDADOS EN LA SOMBRA,

DISFRUTAN SU VICTORIA. TÚ EN SILENCIO,

TIERRA, PASIÓN ÚNICA MÍA, LLORAS

TU SOLEDAD, TU PENA Y TU VERGÜENZA.

“Elegía española”
Luis Cernuda

miércoles, 2 de abril de 2008

Magia


Por diversos motivos hacía más de tres semanas que no iba al cine. ¡¡Más de tres semanas!! Hoy, además “día del espectador”, por fin he ido. Tenía ya muchas, muchas ganas.
Y es que el tópico de “la magia de la sala de cine”, es cierto. Porque ir al cine es eso, ¡magia!.

No hablo de ver algo en DVD. Es un maravilloso invento para guardar y ver y volver a ver las pelis que nos gustan, una y otra vez, y es imprescindible, claro está, para las pelis clásicas, pero no, no hablo de un DVD.
Tampoco hablo de grabarse cualquier cosa que den en la tele. Esos “filmes” terribles de las sobremesas del fin de semana en Antena3, o en Tele5.
No me refiero a esas descargas en las que importa más la cantidad que la calidad, ese “tengo bajadas de Internet más de doscientas películas” que te dice alguién que no sabe quién es Billy Wilder.
Ni de lejos estoy pensando en el “Home Cinema” por mucho “sonrround” que tenga ni en los terribles alaridos de Steven Seagal o Chuck Norris que salen de uno de los doce altavoces.
No. Nada de eso es magia.

Claro que tampoco se me ocurre ir a un cine un sábado a la sesión de las cinco y ver la última peli de terror made in USA. No hablo de compartir sala con catorce adolescentes de la ESO que entre grito y grito se comen veinte bolsas de patatas. No hay magia en ver cómo dejan una tonelada de palomitas tiradas por el suelo.
Ni pienso en ver el típico folletín romántico, ese que hará taquilla millonaria a base de los que dicen “mi película favorita es Titanic”.

Hablo de otra cosa. De otros horarios, otras salas y otros espectadores. Pienso en otros realizadores, otros actores, otros guionistas... Definitivamente, otras películas.
Hablo de consultar la cartelera y elegir. De ir y sacar las entradas y entrar a la sala. Estoy hablando de buscar la butaca y de esperar, con inquietud incluso, a que se apaguen las luces y se haga el silencio, y, entonces, ver cine.
Y después, cuando la película ya ha acabado, a la salida, hablo de la sensación que queda. La sensación que deja el sentir que, una vez más, se ha producido la magia.

miércoles, 19 de marzo de 2008

No hay problema sin solución

No es algo que se me haya ocurrido a mí, así de pronto, echando por tierra años de realismo y no mágico precisamente. No es que lo diga yo. No. Aparece en un papelito que encontré en mi buzón. Y lo dice, atención, nada más y nada menos que: ¡¡¡EL MAESTRO DANSSO!!!


Varias cositas se me ocurren.

Para empezar espero que este hombre sea “maestro” de todas esas cuestiones que aparecen en el panfleto y de nada más. No me lo imagino delante de 25 alumnos de la ESO dando una clase de Lengua.
Por todos los santos, Dansso, aprende un poquito de español. Cúrratelo, hombre. Algo de vocabulario, de redacción... ¿qué es eso de “inveja” o “insucios”? ¿”ipotencia”, sin eme? ¿Y lo de ”atraer del ser querido”?

Pero no me quedaré en las formas y analizaré el fondo.
Porque el “gran espiritualista” resuelve casos de “trabajo, drogas e inveja”...(insisto, ¿”inveja”?). Lo de trabajo y drogas lo pone seguidito.
Que por un lado tomen nota los sindicatos.
Y por otro lado, por favor, urgente, médicos dispensadores de Metadona, personal del “Proyecto Hombre”, trabajadores sociales, drogadictos y traficantes varios, que aprendan ya del “Maestro”.

Y tranquilos, que está “dotado “del” poder”. Aténsion plis. No está dotado “de” poder, así sin más...no, no...está dotado “del” poder. Todo el power para él. Lo necesitará puesto que su objetivo es “obtener resultados” ya que eso es “lo más importante de la astrología”. Además de estafar a la gente, se entiende.

Pero lo que me ha dolido, y mucho, es lo de que también ayuda en los “exámenes”.
Mis queridos hermano, M.E., y demás compañeros de calculadora, ¿qué coño hacíamos nosotros estudiando Ingeniería “a pelo”? ¿Habéis leido lo de ¡“con rapidez total”!? ¿recordáis aquellos exámenes de Álgebra de ¡cuatro horas por la mañana de teoría y cuatro horas por la tarde de problemas!? ¿podríamos haberlos hecho en treinta minutillos? ¿os imagináis que aquél eterno “Proyecto Fin de Carrera” nos lo hubiéramos ventilado en dos meses?
Pienso en ello e imagino cómo hubiera sido con la ayuda del “Maestro Dansso”.
Y donde había ansiedad, nervios y suspensos de 4,9, siento ahora un remanso de paz. En lugar de aquellas palabras acordándonos de la madre del de Electrónica, oigo el canto de un jilguero. Y el cargado ambiente de la biblioteca es sustituido por un suave olor a hierba recién cortada.
Creo que acabo de tener algo así como una revelación. Creo que he visto la luz. Sí, estoy segura, la he visto.
Y voy a llamar ahora mismito al gran “Mestro Dansso”, sí señor. En él confío. Lo llamo y me pongo en sus manos.
Y me hago “Telecos”. Con dos cojones.

De paso voy a ver si se le ocurre algo con los días de Semana Santa. Convertir cuatro en ocho, por ejemplo. Si puede con casos “sobre amor, separación, y dificultades familiares”, esto de las vacaciones lo tiene “chupao”, seguro.

Y además el “Maestro Dansso” lo hace todo, que quede bien claro, como se tienen que hacer las cosas, con “eficacia y seriedad”.
¿O acaso lo dudabais?

martes, 26 de febrero de 2008

Toro Salvaje



Es genial sentirse fuerte, valiente. Tener la sensación de ser capaz de enfrentar y afrontar el momento. Como Robert de Niro cuando “siendo” Jake La Motta decía, concentrado, potente, "soy el mejor, soy el mejor, soy el mejor...” instantes antes de pelear por el Campeonato Mundial de los Pesos Medios.
No hay nada como estar seguro de saber qué hacer. Antes y después de cada golpe.
"Soy el mejor, soy el mejor, soy el mejor...” repetía. Quizás no se trate de ser mejor que nadie, de medirse con nadie más que con uno mismo. Ser lo mejor que uno puede ser. Y eso es mucho cuando uno se sabe inteligente y sólido.
La certeza de saber qué pasos dar, cómo moverse, es extraordinaria. Igual que el mejor boxeador del Bronx bailaba elegante sobre el cuadrilátero, como si se elevara aún teniendo los pies bien clavados en la lona. Y la de saber graduar y medir las propias fuerzas y hacia dónde dirigirlas para conseguir un objetivo. Y tener claro el objetivo.
“Soy el mejor, soy el mejor, soy el mejor...” Es lo mejor saberse capaz de esquivar los golpes, o, por momentos, saberse también un buen fajador. Ser un digno aspirante.

Pero a veces uno no se siente el mejor. Ni se cree capaz de ser, tan solo, medianamente bueno. A veces, simplemente, uno no “ve” un combate. Ni siquiera sabe si quiere o si debe pelear. Y aparece el temor a perder el norte y acabar como el peor Jake La Motta, equivocado, vencido. Falta voluntad y se impone el miedo. Y el miedo hace retroceder contra las cuerdas o caer aún que nada ni nadie golpee, caer tropezando en los propios pies. A veces el miedo no deja ni subir al ring.

Sólo queda entonces confiar en la propia determinación. Esa que nos salva hasta de nosotros mismos y nos hace sentirnos preparados para disputar, limpiamente, cualquier título.
Sólo queda éso y esperar tener cerca a alguién. Alguién a quién, como el “Toro del Bronx” le pedía a la guapísima Cathy Moriarty, pedirle, después de la pelea, que nos bese las heridas.

 
Directorio Web