miércoles, 9 de julio de 2008

Tú y yo

Llegamos a París cuando atardecía, después de unos días agotadores por las carreteras de Francia.
Tú era la primera vez que visitabas la ciudad. Yo estaba deseando llevarte por ella.

Esa misma noche, cálida como todas las de aquél mes de Agosto, anduvimos por el Boulevar de Grenelle, por la rue Desaix, por los Campos de Marte...Íbamos tú y yo de la mano, pegados el uno al otro por las calles de París. Cuando nos besamos, la ciudad empezó a ser un poco nuestra.

Aquellos días yo te conté de Eiffel y del hierro y el acero, y te llevé hasta La Villette y tú me mirabas sonriendo y hacías como que te interesaba el Parque Tecnológico.
Tú me hablaste de conquistas de Napoleón, de los impresionistas d´Orsay, de revoluciones, de París tomada por los alemanes, y yo, aunque no vestía de azul, me sentí como Ingrid Bergman.

Una tarde, sin prisas, recorrimos tú y yo los jardines del Museo Rodin. Esculturas preciosas, como “El Beso”, parecían ser nosotros.
Después cenamos en un acogedor restaurante de Saint Germain, uno de esos lugares tan típicos de París en los que la falta de espacio obliga a estar cerca. Así estuvimos, muy cerca, sí, y nos hablamos en voz baja, y tú me dijiste y yo te dije.
Y cuando acabamos la comida y nos bebimos el vino, la línea 10 del metro nos llevó a la rue de Lourmel donde estaba nuestro hotel. Y subimos a la pequeña habitación y llegamos con esa apetencia del uno por el otro, con esas ganas de todo el día, de cada noche, con ese querer estar muy juntos, tú y yo, muy juntos.

Y otra tarde, callejeando cerca de la Sorbona por la rue Valette, nos encontramos con una calle de esas preciosas y estrechas, con aceras más estrechas todavía. Tenía aquella calle el aire y el encanto del París de los años cincuenta.
Y encontramos allí una tienda de música. Buscamos y rebuscamos, tarareamos títulos que leíamos escritos en una carátula, en un catálogo, apartamos lo que nos gustaba, yo hablaba con el dueño y te traducía...
Disfrutamos, una vez más, de esos pequeños momentos, de esas pequeñas cosas que nos encanta hacer, y, mirándonos y pensando en tantas y tantas canciones comunes, nos sentimos, tú y yo, fuertes, arrogantemente unidos los dos. Tú y yo, dos compañeros, dos amantes.

Entre otros, compramos un disco de Jacques Brel.

sábado, 7 de junio de 2008

Quizás...

“...quizás podamos recordar, aunque sea por un momento, que aquellos que viven con nosotros son nuestros hermanos, que comparten con nosotros el mismo corto momento de vida, que sólo buscan, como nosotros, la oportunidad de vivir la vida con bienestar y felicidad...”

Así pensaba.
Y dispararon contra él. Murió tal día como hoy, un 6 de Junio, del año 1968.


Tumba de Robert Kennedy.
Foto tomada en el Cementerio Nacional de Arlington, Washington DC.

(Julio de 2004)

miércoles, 21 de mayo de 2008

El piloto

Y un 21 de Mayo, Lindbergh llegó a París...



"EL PILOTO"
del disco "Agotados de esperar el fin" de Ilegales

Nueva York-París 1927.
6.000 kilómetros vuelo de prueba.
Despegó de Nueva York
desapareció en la niebla.
Un avión vuela sobre Manhattan.
En el aire hay una brisa fastidiosa,
dentro del avión no hay paracaídas.

Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.
Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.
Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.
Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.
Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.
Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.

27 horas de vuelo sobre el mar,
fácil perderse en el Atlántico.
Ahora vuela, vuela a vida o muerte
un avión con un sólo motor.
Irlanda, Inglaterra, el Canal de la Mancha,
no hay que pensar en pilotos muertos.

Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.
Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.
Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.
Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.
Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.
Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.

Desde lejos luces en París.
En el aeropuerto buen recibimiento.
Lo has conseguido brindemos con champán.
Toda esa pasta, toda esa fama.
Abajo en el Atlántico los pilotos muertos,
no hay que pensar en pilotos muertos.

Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.
Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.
Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.
Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.
Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.
Suerte Mr. Lindbergh no hay paracaídas.



La foto está tomada en el "Museo de la Ciencia y de la Tecnología Leonardo da Vinci" de Milán. En el cartel del fondo se leía:
”Il motore è il cuore dell´aeroplano
ma il pilota è la sua anima”

sábado, 17 de mayo de 2008

Postales de M.E. (y otras cosas)

Se me ocurrió escribir el post anterior después de recibir la última postal que M.E. me envió. Y al final, conforme iba escribiendo, pensé que no, que esta última postal se merecía un post aparte.

Abrí el buzón y lo que se veía de la postal era el reverso.
Miré lo primero, como siempre hago, el sello. “CHRISTUS... ALLEIUIA... SEPULCRO”. Vale, pensé, es original, como no podía ser de otra manera. En lugar de envíar la postal desde Roma, la envía desde Ciudad del Vaticano.



Y después leí el texto...


...”una foto del”...¿¿ ¿??...no entendí, no relacioné, no podía poner “del boss”, no tenía sentido...estuve muy lenta para pensar y demasiado rápida para darle la vuelta a la postal y ver la foto....



¡¡¡aaaahhhhhhh!!! ¡¡¡¡¡ noooooo !!!!!
¡ ¡ ¡ ¡ pero qué horror ! ! ! ! ¡ ¡ ¡ pero qué miedo...qué mal rollo ! ! !
El susto fue mayúsculo.

Menos mal que M.E. volvió de su viaje y, como siempre hace, trajo un regalito. Un paquete de pasta genuina italiana comprada en “L´Antico Forno”...



Estará riquísima.
Y compensará el efecto de la foto. Con esas formas...

sábado, 10 de mayo de 2008

Postales de M.E.


Mi amiga M.E. es la más viajera de todos.
Estambul, Hanoi, Burgos, Buenos Aires, Oviedo o Milán. También Petra, Teotihuacan, Boston, León, Jaipur, Bruselas, Marrakech,...





M.E. viaja mucho, recorre el mundo, y siempre, siempre, envía postales.


En el fondo de una caja, bien guardadas, tengo una postal de un Nueva York, todavía con las Torres, o aquélla otra con una de nuestras obras de ingeniería preferidas, la Presa de Asuán. Están recogidas en esa caja la luz cálida de Lisboa o la imagen del Teide enviada desde Canarias, también una frase: “con una rodillera para que mi pierna aguante el recorrido por la Muralla”, que M.E. me escribía desde China, o sus sensaciones tristes después de visitar la ciudad de Lima.

Postales y más postales.





Otras, más recientes, como las que aparecen en este post, han llegado a veces algo estropeadas, después de recorrer miles de kilómetros. Y han acabado perforadas, pinchadas en un corcho, apoyadas en una estantería, metidas entre libros... Lugares cotidianos, aparentes, que me traen a la vista esos otros lugares, a veces tan remotos desde los que M.E. siempre encuentra un momento para escribir.




Desde Siria hasta mi buzón llegó el alfabeto más antiguo de la historia, o enormes raíces de enormes árboles que envolvían templos en Camboya. Apareció Van Gogh fumando, como no podía ser de otra manera, desde Amsterdam, o postales donde M.E. me contaba de mosaicos, columnas persas, restos romanos, ruinas mayas...

Llegué un día a casa y leí las palabras de M.E. que decían “lo que se ve en la postal es lo que acabamos de hacer”. En la postal se veía una avioneta y la silueta inconfundible del Everest, y sentí a M.E., que estaba tan lejos, muy cerca.




He recibido fotografías del impresionante desierto de Túnez, sellos preciosos que llegaban de México, bonitos caracteres del Devanagari impresos en postales indias...



Guardo todas las postales y me encanta, cuando M.E. se va de viaje, llegar a casa y abrir el buzón.















Porque es genial que entre avisos del banco, circulares de la comunidad de vecinos, y propagandas varias, aparezca una postal con una foto bonita que me acerca un trocito del mundo, y darle la vuelta y encontrar las palabras de M.E. y leer lo que cuenta con esa letra tan familiar y tan cercana para mí.
La letra amiga de mi amiga más viajera.


jueves, 1 de mayo de 2008

Día del Trabajo



La frase ha perdido fuerza. Ni yo misma me la creo después de ver las terribles dictaduras de los países comunistas.
Pero lo cierto es que para una trabajadora y gran mitómana como yo, fue muy emocionante tocar esas palabras grabadas en la piedra.

Proletarios del mundo, uníos ,
dijo Marx

Fotos tomadas en Moscú, en Agosto de 2006

jueves, 24 de abril de 2008

Dos veces

Una vez sólamente he estado enferma. Y cada vez que lo pienso, agradezco la grandísima suerte que tengo de tener salud, y deseo con todas mis fuerzas que se curen aquéllos que estén enfermos.
Sólo una vez. Aunque esa vez mi columna dañada me llevase al quirófano y a una rehabilitación de siete meses.
Pero es muy duro recordar aquéllo.
Mejor cambiaré el tono de este post.

He dicho una vez. Excepto algún catarro y dos esguinces, nada. Muy chulita, yo, presumiendo de salud siempre. Nada de alergias, jaquecas, una otitis, miopía, nada...Yo me he dicho muchas veces: ”por no tener, no has tenido ni la gripe”, así, tuteándome, con confianza. Y seguía hablándome a mí misma: “Cristina, en Esparta te hubieras agarrado al monte Itome, fijo que sí”. Yo, bien creída, llamándome por mi propio nombre.

Una vez sólamente.
Hasta hace unos días. No se me está mal. Por sobrada.
Hace unos días un virus gástrico decidió entrar en mi cuerpo. Como si fuera un Alien de serie Z de estas pelis de Caronte, el puto virus no sólo entró sino que se quedó ahí, agazapado, incubándose a sí mismo. ¡Traidor! Según dijo la doctora la tragedia empezó el fin de semana y fue el lunes a las siete de la mañana el momento en el que el virus agresor decidió manifestarse. El muy cabrón obligó a mi estómago a expulsar fuera de sí todo tipo de materia sólida o líquida una vez y otra vez y otra y otra y...
Y en cada una de esas veces yo, hasta hace poco la más guay de las ciudadanas de Esparta, iba perdiendo fuerzas, ánimos, voluntad...
Me lo tengo merecido. Por creerme la más fuerte.
El maldito bicho provocó otro tipo de desórdenes como por ejemplo una subida de la temperatura que me hizo tener mucho frío y acabar metiéndome en la cama, atención, es difícil escribir ésto, pero allá va: ¡¡con calcetines!! Estaba perdiendo la salud pero acababa de ganar el premio a la cutrez.
La noción del tiempo se pierde cuando todo gira en torno al cuarto de baño, pero el hecho es que pasaron horas y horas y más horas del día siguiente y más y más... A esas alturas el malnacido se había apoderado no sólo de mi estómago, sino también de mis intestinos, mi ritmo cardíaco y de mi dignidad.
Y así seguí, oh, mísera de mí, sufriendo. Y cuando estaba a punto de entregarle al resistente virus hasta mi alma, el “Primperán” empezó a hacer efecto. Viva la Medicina. Y vivan Pasteur, Fleming, Koch, Lipster, el Dr. Barnard, Ramón y Cajal...y tantos otros que hacen posible que yo, por segunda vez, haya vuelto del túnel y siga en el mundo de los vivos.

Y para que se vea que no he exagerado nada, ahí dejo una foto de mí misma y de los efectos del jodido virus.
He sentido la fría mano de la muerte.


lunes, 14 de abril de 2008

Tal día como hoy

Tal día como hoy de 1931 se proclamó la Segunda República Española.

Y después, así hicieron que acabara...


TUS CUERPOS HAN ARDIDO Y TUS CAMPOS

INFECUNDOS DAN COSECHA DE HAMBRE;

RASGA TU AIRE EL ALA DE LA MUERTE;

TRONCHADOS COMO FLORES CAEN TUS HOMBRES

HECHOS PARA EL AMOR Y LA TAREA;

Y AQUELLOS QUE EN LA SOMBRA SUSCITARON

LA GUERRA, RESGUARDADOS EN LA SOMBRA,

DISFRUTAN SU VICTORIA. TÚ EN SILENCIO,

TIERRA, PASIÓN ÚNICA MÍA, LLORAS

TU SOLEDAD, TU PENA Y TU VERGÜENZA.

“Elegía española”
Luis Cernuda

miércoles, 2 de abril de 2008

Magia


Por diversos motivos hacía más de tres semanas que no iba al cine. ¡¡Más de tres semanas!! Hoy, además “día del espectador”, por fin he ido. Tenía ya muchas, muchas ganas.
Y es que el tópico de “la magia de la sala de cine”, es cierto. Porque ir al cine es eso, ¡magia!.

No hablo de ver algo en DVD. Es un maravilloso invento para guardar y ver y volver a ver las pelis que nos gustan, una y otra vez, y es imprescindible, claro está, para las pelis clásicas, pero no, no hablo de un DVD.
Tampoco hablo de grabarse cualquier cosa que den en la tele. Esos “filmes” terribles de las sobremesas del fin de semana en Antena3, o en Tele5.
No me refiero a esas descargas en las que importa más la cantidad que la calidad, ese “tengo bajadas de Internet más de doscientas películas” que te dice alguién que no sabe quién es Billy Wilder.
Ni de lejos estoy pensando en el “Home Cinema” por mucho “sonrround” que tenga ni en los terribles alaridos de Steven Seagal o Chuck Norris que salen de uno de los doce altavoces.
No. Nada de eso es magia.

Claro que tampoco se me ocurre ir a un cine un sábado a la sesión de las cinco y ver la última peli de terror made in USA. No hablo de compartir sala con catorce adolescentes de la ESO que entre grito y grito se comen veinte bolsas de patatas. No hay magia en ver cómo dejan una tonelada de palomitas tiradas por el suelo.
Ni pienso en ver el típico folletín romántico, ese que hará taquilla millonaria a base de los que dicen “mi película favorita es Titanic”.

Hablo de otra cosa. De otros horarios, otras salas y otros espectadores. Pienso en otros realizadores, otros actores, otros guionistas... Definitivamente, otras películas.
Hablo de consultar la cartelera y elegir. De ir y sacar las entradas y entrar a la sala. Estoy hablando de buscar la butaca y de esperar, con inquietud incluso, a que se apaguen las luces y se haga el silencio, y, entonces, ver cine.
Y después, cuando la película ya ha acabado, a la salida, hablo de la sensación que queda. La sensación que deja el sentir que, una vez más, se ha producido la magia.

 
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