miércoles, 23 de mayo de 2007

El alcalde de Sevilla

Uno: Me parece fatal
Me parece fatal que en algunos “círculos” no saberse el nombre de todos los hijos de los Reyes Católicos suponga una laguna imperdonable y en cambio dé lo mismo no conocer a Edison, por ejemplo; o que no haber leído “El Quijote” sea un crimen (que lo es) pero que no le importe a nadie qué dice la 2ª Ley de Newton (no una ley de un mindundi cualquiera, no, la 2ª Ley de Sir Isaac Newton).

Dos: Me mosquea mucho
Vale, bien, admitamos que todos hablamos a veces de cosas de las que sabemos poco, pero hay quien no tiene ningún sentido de la medida y suele hablar y hablar mucho de cosas de las que no sabe nada de nada.
Esto me mosquea mucho porque pasa, especialmente, con temas relacionados con la Medicina (me aplicaré mi propia receta, nunca mejor dicho, y no diré nada de algo que conozco sólo a través de “House”), pasa con cuestiones de Ciencia en general, y pasa con todo aquello relacionado con la Técnica y la Tecnología.
Recomiendo un blog genial, “Malaciencia”, escrito por Alf, que nos dice que se ocupa de “Disparates, barbaridades y patadas a la Ciencia en noticias, películas o incluso en el saber general”. Se pueden aprender muchas cosas leyéndolo. Y tranquilos “los de Letras”: Alf consigue explicar todo tipo de curiosidades con datos y detalles, con rigor y, al mismo tiempo, de forma sencilla y divertida.

Tres: Me “descojono”
En “Malaciencia” me encuentro con unas palabras del alcalde de Sevilla. Está inaugurando la “Avenida de la Astronomía” y a la tercera frase empieza a hablar de la astrología.
Sí, la Astronomía, “eso” relacionado con torpes como Ptolomeo, Copérnico, Kepler o Galileo, lo mezcla, así, con alegría, con “lo otro”, la astrología, lo de la insigne Aramis Fuster o la Bruja Lola.
Me empiezo a poner nerviosa, pero cuando estoy a punto de pasar directamente a la histeria, resulta que el señor alcalde empieza a meter en el mogollón a...¡¡los astronautas!!
Quizás tuviese simplemente un mal día, pero el caso es que habla y habla sin que un mínimo de inteligencia o de cultura básica haga acto de presencia en sus palabras. El lío que se hace es tan tan tan fuerte, que no puedo por menos que olvidar el cabreo y, con perdón, “descojonarme”.

Dice:
“Es muy bueno que haya astrónomos. Estamos en la Avenida de la Astronomía. Está bien que haya astrólogos, pero es fundamental que haya astronautas. Porque ¿qué sería de nosotros los astronautas si no nos dijeran los astrólogos o los astrónomos cómo son las cosas? ¿Qué nos podemos encontrar allí, en el más allá? ¿O qué podemos hacer, o qué podríamos desarrollar nosotros, los que estamos allí, los que nos pisamos el suelo de la realidad de las cosas? ¿Qué sería de nosotros si no existieran los astrónomos y los astrólogos? pero ¿qué sería, qué sería de todos nosotros sin la tarea de los astronautas?”

Merece la pena escucharlo "de viva voz". No tiene desperdicio. Y yo no tengo palabras.

lunes, 14 de mayo de 2007

La vida en rosa

Aviso: "destripo" la película

No sé si se puede decir que “La vida en rosa” es una gran película. Quizás ni siquiera especialmente buena, pero a mí me gustó muchísimo.
Se echan de menos muchos episodios de la vida de Edith Piaf y muchos nombres, hombres y amantes y amigos de los que no se dice nada. También hay canciones que suenan sólo unos segundos que saben a poco y casi no aparecen músicos que hicieron el repertorio que Edith Piaf sabía elegir, seleccionar y cantar y vivir en un escenario.

Pero es que la película no trata de contar una biografía o una historia lineal. Tampoco de presentar una relación de temas, autores, músicos...
Creo que la película intenta transmitir la emoción de una vida única. La película, y por eso me gustó tanto, hace sentir lo que sentí desde el primer momento en el que oí hablar de Edith Piaf y oí cantar a Edith Piaf : amor y pasión sin límites y, sobre todo, envolviendo toda su vida y sus canciones, antes o después, una profunda tristeza llena de desgarro.

Me quedé para siempre atrapada con Edith Piaf al mismo tiempo que mi profesora de la Escuela de Idiomas renegaba de ella.
Nos decía: “No sabía estar sin un hombre, era celosa, posesiva y déspota y después se arrastraba, suplicando. Leed en “L'hymne à l'Amour” cuando dice “Je renierais ma patrie / Je renierais mes amis / Si tu me le demandais...”, o sea, que abandonaría su patria, renegaría de sus amigos si él se lo pidiese...y después añade que haría cualquier cosa si él se lo pidiese...por favor, por favor...¡cualquier cosa por un hombre! ¡qué horror!”
Pero después nos hacía leer, uno por uno y repetir y repetir: “Tant qu'l'amour inond'ra mes matins / Tant que mon corps frémira sous tes mains” (Mientras que el amor inunde mis mañanas / Mientras que mi cuerpo se estremezca entre tus manos...) . Y nos contaba que Edith Piaf estrenaba esta canción en Nueva York, y que esa misma noche el gran amor de su vida moría en un accidente de avión. La canción que Edith Piaf había escrito especialmente para él tiene una frase que dice “si un jour la vie t´arrache à moi”, si un día la vida te arranca de mi lado...

Antes de escuchar “Milord”, la canción que le escribió un Moustaki muy joven mientras era su amante, recuerdo que siempre decía mi profesora que no olvidáramos que el tal milord era un señor que iba de putas, o sea, un putero, añadía, con énfasis. Pero al sonar la canción nos hacía cerrar los ojos y la voz de Edith Piaf llegaba diciendo “Vos peines sur mon cœur / Et vos pieds sur une chaise /Je vous connais, Milord / Vous ne m'avez jamais vue /Je ne suis qu'une fille du port / Une ombre de la rue... “, cantaba que ella sólo era una chica del puerto, pero que el milord podía ponerse cómodo, apoyar los pies sobre una silla y dejarle sus penas en el corazón...y mi profesora leía con la ternura más triste del mundo “vos peines, sur mon coeur, vos peines sur mon coeur...” y nos explicaba la vida que Edith Piaf había vivido de niña en un burdel, enferma y abandonada por su madre.

Se ponía especialmente nerviosa cuando en “C´est l´amour” Edith Piaf le decía a un hombre que le daba sus lágrimas y lloraba para amarle mejor, que compraba con sus lágrimas el derecho de amarle (“J'ai donné, donné mes larmes / J'ai pleuré pour mieux t'aimer / J'ai payé de tant de larmes / Pour toujours le droit d'aimer...). Un día dijo mi profesora algo como: “ya se pone patética, ni caso...nunca hay que pagar con lágrimas...si un hombre te hace llorar, atención, vocabulario, apuntad: “salope” que significa “cerdo” o, tal y como yo lo digo, “cabrón”...”
Pero recuerdo que mientras volvíamos a escuchar la canción murmuró algo un compañero de clase. Ella se levantó, paró la música, abrió la puerta del aula indicándole que se fuese de clase y le dijo, por supuesto en francés, que mientras cantaba la más grande, mientras cantaba la Piaf, nadie abría la boca ni para respirar.

Hablaba de que Edith Piaf había estado marcada por el alcohol y las drogas, que la vida que siempre había llevado la había conducido a la enfermedad, a los quirófanos, a las clínicas de desintoxicación, a un intento de suicidio, a rozar la locura...y, sin embargo, nos recalcaba que nunca defraudó a su público y que lo más importante para ella, absolutamente por encima de todo, era la música.
Jacques Prévert le escribió “Cri du Coeur” y Edith Piaf habla de su voz, su voz que canta: “C'est la voix d'un chagrin tout neuf / La voix de l'amour mort ou vif / La voix d'un pauvre fugitif / La voix d'un noyé...” (Es la voz de una nueva pena / la voz del amor muerto o vivo / la voz de un pobre fugitivo / la voz de un ahogado...)

Esa voz cargada de sentimiento de la mujer que vivió la miseria y la grandeza; la gloria, la admiración de muchos y el pánico a estar sola. Tuvo mucho valor pero siempre acompañado del dolor y la enfermedad. Fue arrogante pero sintió muchas veces miedo. Amó a grandes amores y a amores miserables que acabaron mal. Vivió intensamente la vida y vivió la muerte.
Y al final dijo eso de que no se arrepentía de nada. Aunque estaba ya muy enferma su voz seguía siendo tan poderosa como siempre, y como una rúbrica, firmando lo que había sido su vida, una vida que fue de todos los colores menos rosa, cantó:
“Non ! Rien de rien
Non ! Je ne regrette rien
Ni le bien qu'on m'a fait
Ni le mal tout ça m'est bien égal !
Non ! Rien de rien
Non ! Je ne regrette rien...”

Escucho a Edith Piaf y recuerdo a mi profesora...

lunes, 23 de abril de 2007

Que Tengas Suertecita

El video se oye mal y se ve peor... pero el mensaje, el deseo, están claros...

"Que tengas suertecita,
que te conceda la vida, cada día, lo que mereces.
Que no te falte de nada, que no te de la espalda, la esperanza.
Que encuentres el buen camino, que sea el tuyo y no el mío
y si es el mismo, enséñamelo.

Que no hagas caso de aduladores,
que no te fíes de los vencedores,
ganando competiciones, elecciones y popularidad.

Que tengas suertecita. Que tengas suertecita.

Que no te falte capacidad,
para discernir el más acá del confuso más allá,
que es realidad aparte.
Que no pierdas más el tiempo, que ser el rico del cementerio,
no es buen invento y es peor epitafio.
Que no te falte esa canción, que repare tu corazón,
en el momento peor, que hayas conocido.

Que tengas suertecita. Que tengas suertecita.
Que tengas suertecita. Que tengas suertecita.
Que tengas suertecita. Que tengas suertecita.
Que tengas suertecita. Que tengas suertecita."

“Que Tengas Suertecita”
Enrique Bunbury

sábado, 14 de abril de 2007

Hoy, 14 de Abril


Al leer el último post de Caronte se me ha ocurrido que:

con más romanticismo que carga política, con más nostalgia que sentido práctico, y con el recuerdo para todos aquellos que, pagando incluso con su vida, lucharon por ella, hoy, 14 de Abril: ¡salud y República!

viernes, 13 de abril de 2007

Юрий Алексеевич Гагарин


Hoy, 12 de Abril, se celebra en Rusia el “Día de la Cosmonaútica”.
Y es que tal día como hoy del año 1961, un hombre de tan solo 27 años, Yuri Alekséievich Gagarin, en ruso Юрий Алексеевич Гагарин, se convirtió en el primer hombre en viajar al espacio.
Lo hizo en la cápsula “Vostok I”. Había sido creada por el ingeniero y diseñador espacial Serguéi Koroliov con la ayuda de otros personajes como Ivanovski o Semion Kosberg y Alexei Mijailovich Isaiev que fueron los responsables de los motores que habrían de propulsar a la máquina y al hombre al espacio exterior, los motores que llevarían a Yuri Gagarin a ese lugar del cosmos en el que nadie antes había estado.
La “Vostok” era una esfera de 2,3 metros de diámetro, pesaba escasamente 2500 Kg y estaba unida a un espacio cilíndrico del mismo peso en el que se alojaban los sistemas necesarios para su funcionamiento. Fue lanzada desde el cosmódromo de Baikonur a las 09:07 de la mañana, en un especial día de primavera con el cielo despejado y azul y, a una velocidad de 28000 km/h, dio la vuelta a la órbita de la Tierra. Después de 1 hora y 48 minutos, con apogeo de 327 kilómetros y perigeo de 175, faltaba por realizar la parte más peligrosa de la misión: la “Vostok I” y su tripulante debían emprender el camino de regreso a casa.
Yuri Gagarin abandonó la cápsula y saltó a 7000 metros de altura sobre Siberia. Había sufrido la ingravidez, había sentido una fuerza de valor hasta diez veces su propio peso y la reentrada en la atmósfera había hecho que la “Vostok I” alcanzase temperaturas de 1000 grados Centígrados. Yuri Gagarin había viajado nada más y nada menos que por el cosmos y había llegado, sano y salvo, de vuelta a la Tierra.

Había nacido en Gjastak, el 9 de Marzo de 1934, en una familia humilde en la que el padre trabajaba como carpintero.
No medía más de 1,62 metros de altura y no llegaba a pesar 69 kilos, sin embargo su preparación física era excepcional y poseía una extraordinaria capacidad mental capaz de superar momentos y situaciones de gran dificultad y tensión. A estas características unía un caracter abierto y jovial, su simpatía arrolladora y la sonrisa que acompañaba a unos increíbles e intensos ojos azules.
A la vuelta de su viaje espacial Yuri Gagarin recibió todo tipo de honores por parte de las autoridades y del pueblo de la antigua Unión Soviética. También fue reconocida su hazaña en otros países a los que viajó y de los que recibió felicitaciones y homenajes. Se hicieron películas y se escribieron libros sobre él y su aventura, se inauguraron calles y plazas con su nombre, los niños estudiaban su vida en las escuelas, visitaba los muchos lugares desde los que se le reclamaba y hablaba de su vuelta a la Tierra dentro de su cápsula, representaba con orgullo a su país,...era un héroe.

Pero nunca más volvió a viajar al espacio. Las autoridades rusas no le dejaron. Pensaban que el riesgo era muy alto y que no podían permitirse perder una figura tan emblemática, tan querida por el pueblo. Incluso le retiraron su licencia de piloto.
Una vez recuperada esa licencia, varios años más tarde, Yuri Gagarin pilotaba junto con un instructor un MIG-15. Realizaba un vuelo rutinario y sin saber el motivo el MIG se estrelló a 150 Km al oeste de Moscú hundiéndose seis metros en el suelo y muriendo el instructor, Vladimir Sirioguin, y él mismo. Era el día 27 de Marzo de 1968 y Yuri Gagarin tenía, tan sólo, 34 años. Parece ser que el vuelo de otro avión causó extrañas turbulencias difíciles de superar por el MIG y que las condiciones climatológicas, bastante adversas, hicieron el resto.

Otras versiones dicen que Yuri Gagarin no llegó a morir pero que el estado en el que consiguió sobrevivir era tan terrible que las autoridades decidieron ocultarlo al pueblo. También se ha contado que todo fue una trampa y que en realidad se había vuelto “incómodo” para los altos poderes y que éstos lo asesinaron. Incluso alguién escribió que nunca llegó a superar el no poder volver al espacio y que eso le llevó a una inestabilidad mental importante que debía esconderse. Se llegó a decir que bebía, que bebía mucho y que esa fue la causa del terrible accidente.

Supe de Yuri Gagarin al abrir mi libro de “Ciencias Naturales” de 4º de EGB y ver una foto suya. Cuando leí su historia pensé que era el hombre más valiente del mundo y, desde luego, el más guapo. Siempre que cogía el libro buscaba la foto y pensaba cómo sería volar, viajar al espacio, ver la Tierra desde el cosmos, y miraba y volvía a mirar su cara y sus ojos azules.
Así que no puedo creer ninguna versión extraña sobre su muerte. Valga por esta vez no buscar más y saber que Yuri Gagarin, un 12 de Abril de 1961, viajó con la “Vostok I” tanto y tan rápido que consiguió acercarse a las estrellas y valga creer que, unos años mas tarde, desde un MIG-15, simplemente, volvía a ellas.

Debajo de la foto que tantas y tantas veces yo miraba de pequeña, ponía: “Yuri Gagarin, el primer cosmonauta de la historia”.

miércoles, 4 de abril de 2007

Viajar

"El Gótico" (Burgos, Abril 2005)
Hoy martes, 3 de abril, de madrugada, con la maleta lista para viajar mañana, se me ocurre que:
Uno:
Deberíamos, siempre que pudiéramos, subir en un avión y marchar lejos y tener presente que hay mundos y gentes a muchos kilómetros que merece la pena conocer.
Dos:
O conducir el coche sólo media hora desde la ciudad hasta los dos pueblos más cercanos que encontremos pensando que habrá alguién, en un lugar remoto, con el deseo de viajar al lugar dónde nosotros acabamos de llegar.
Tres:
La mínima muestra de educación sería aprender a decir “buenos días”, “gracias”, “por favor”, “adiós”,...en el idioma que corresponda. Sí, la persona que sabe inglés no sabe francés o al revés, lo normal es no saber bien ninguno de los dos idiomas, el turco es difícil y el cirílico de los rusos un alfabeto imposible...en cualquier caso, deberíamos hacer el esfuerzo.
Cuatro:
Al estar paseando por una calle de un casco antiguo, observando un cuadro pintado por ejemplo por Caravaggio, mirando una plaza típica de cualquier lugar,...convendría pensar en el momento único que estamos viviendo. E imaginar cuántos y cuántos otros, antes que nosotros, habrán disfrutado, quizás hace siglos, de esa misma calle, esa plaza, de ese cuadro...
Cinco:
Se impone en algunos lugares renunciar a las ensaladas y beber agua embotellada, pero eso no debería impedirnos estar abiertos a nuevos sabores, nuevos olores en las cocinas, y probar y disfrutar comidas que habitualmente no comemos, y beber nuevos licores.
Seis:
Sería bueno recordar a Kavafis cuando dice
“Detente en los mercados fenicios
para comprar finos objetos:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
sensuales perfumes, -tantos como puedas-...”
y comprar regalos, simples detalles que sean la muestra de que, a muchos kilómetros, durante unos instantes, pensamos en alguién.
Siete:
Por lejos o cerca que uno vaya debe siempre, siempre, volver. Siempre.
Ocho:
Se podrían pasar ratos muy divertidos y muy interesantes (y no sólo es deformación profesional) si se hiciera una visita, en todas las ciudades en las que se pudiese, a los museos de Ciencia y Tecnología. Y uno podría encontrarse con Galileo, von Braun, Lindbergh, los hermanos Wright o los Lumière, Volta, Edison...
Nueve:
Sería necesario, cuando se está en un aeropuerto pasando por controles, registros, escáners...no pensar en lo esclavos que somos por la necesidad de seguridad y repetir, pensando en Machado y en Soria: “caminante no hay camino...se hace camino al andar...”
Diez:
En este país de nacionalismos y nacionalistas, los de la “gran patria” y los de las “otras patrias” más pequeñas o medianas o lo que sean, podríamos agarrarnos ilusamente a la idea que una vez alguién expresó, la idea tan sencilla como imposible de que el nacionalismo se cura viajando.
Once:
Y sobre todo, por encima de todo, ocuparse de lo esencial, de lo imprescindible, dar importancia a lo que más la tiene y leer uno de los poemas de Gil de Biedma. Ese titulado “Compañeros de Viaje”.


"Madrid en ruso" (Aeropuerto de Domododevo, Moscú, Agosto 2006)

viernes, 23 de marzo de 2007

AB, CD, EF, GH,...

Las primeras agendas electrónicas o las modernas PDA, una sencilla excel o una elaborada base de datos, la agenda “virtual” del teléfono fijo o la SIM del móvil; ninguna ha eliminado a la clásica agenda. Es más, los sistemas modernos utilizados se renuevan continuamente y de ellos aparecen y desaparecen con rapidez nombres, números, direcciones,... y, sin embargo, la agenda de toda la vida, la de papel y tapas duras, la de escribir a mano y tachar y volver a apuntar y reescribir, destinada sólo para lo personal, sigue ahí y dura más y más años y se renueva menos.

Cuando llega el momento en el que esa agenda que quizás nos ha acompañado durante cuatro o cinco años se cambia por una nueva, comenzamos con la emoción de estrenar, como cuando de pequeños escribíamos en un cuaderno nuevo un rótulo que anunciaba: “2ª Evaluación”. Ese momento empieza con el olor del papel nuevo y con la ilusión de escribir a mano, algo, tan, tan raro en los tiempos que corren. Definitivamente, agradables sensaciones.

Se van escribiendo los nombres de los amigos de siempre. Estaban ahí en la agenda anterior, estan en ésta, se vuelven a copiar en la próxima. Y lo que es, probablemente, una de las cosas más importantes de la vida, la confirmación de quién permanece, se convierte en un acto de escritura sin más, en algo mecánico, asumido.

Pero en seguida aparece el primer golpe de melancolía: escribir una dirección lejana hace pensar en ese “tan cerca/tan lejos” tan difícil de llevar a veces, en los kilómetros que siguen siendo muchos a pesar de las rápidas autovías, del messenger o de los aviones.

Y después aparece el segundo. Este segundo golpe es directamente de tristeza, de esa dura y profunda tristeza que encoge el estómago al leer el nombre de alguién que murió hace tres años o hace tres meses. Y se toma la decisión, en un intento de ignorar lo inevitable, con un gesto tan rebelde como inútil, de volver a escribir en la nueva agenda ese nombre. Siempre.

Peor es lo contrario: decidir que un teléfono, unas señas, escritas desde hace tiempo, no van a formar parte de la recién estrenada agenda.
Puede que sean datos de personas que no han sido demasiado importantes, gente de paso con la que el contacto duró poco.
Quizás se trate de amistades en su momento valiosas pero débiles ante los cambios de escenario y ante el paso del tiempo.
O ese teléfono que definitivamente no va a volver a ser escrito ni marcado ni memorizado, es de alguién a quien quisimos mucho, alguien que salió de nuestra vida mientras pensábamos en esa canción que decía “se nos rompió el amor de tanto usarlo...”
¿Qué será de todos ellos?, ¿en cuál de todas esas direcciones que tenemos estarán ahora?, ¿qué móviles, qué calles, qué ciudades estarán ellos apuntando en sus agendas?

Pero lo peor, lo más desolador, es encontrarse de repente con un nombre apuntado en la agenda pero borrado totalmente de nuestra memoria. En su momento ese nombre, ese amigo o conocido, sería lo suficientemente importante como para formar parte no de la agenda de trabajo ni de otras cuestiones, sino de la agenda personal, la de la gente casi siempre elegida por afinidad, por gusto o simple amistad. Y, sin embargo, ahora nos es imposible reconocerlo, ponerle cara, datos, recordar un momento, aunque sólo sea uno, vivido con él.
¿Cómo puede ocurrir? Si además se hace de las relaciones con los demás los cimientos de lo que quiere ser uno mismo, ¿cómo es posible que haya personas que aparentemente no dejen ninguna huella en nosotros?. Y este desconocimiento ¿será mutuo?, ¿qué parte de nuestra persona quedó en ellos?, ¿y ellos, qué nos dejaron?, ¿algo que no reconocemos?, ¿o nada, quizás?.

En el perfil de su blog, senses&nonsenses, dice:
“Somos los libros que hemos leído, las películas que hemos visto, las canciones que amamos. Somos nuestros amigos, nuestros maestros...” Estoy de acuerdo. Somos en parte aquellas personas que hemos conocido, que hemos tratado. Y aún sin quererlo, a algunas de esas personas, las olvidamos. Puede que también olvidemos, un poco, a veces, lo que somos.

lunes, 12 de marzo de 2007

ÉL, la pintora, el dibujante y una escritora

“La escritora” (entre muchas comillas) soy yo, y lo que aquí se lee, el pobre resultado de mi escritura. Tan lejos están estos posts de ser lo que a mí me gustaría que fuesen, que ha podido más la vergüenza que el ego y sólo una persona, ÉL (con mayúsculas), sabía de la existencia de este blog. Nadie más.

Hasta hoy. Yo le dije a ÉL: “no le cuentes a nadie que escribo un blog” . Y ÉL ha dicho hoy: “Cristina escribe un blog”. Todavía no sé qué parte del mensaje no le quedó clara, el hecho irrefutable es que, desde esta tarde, dos personas más conocen lo que torpemente escribo. Esas dos personas son la pintora y “el dibujante”.

La pintora (sin comillas) es genial y pinta cosas preciosas. Hace ya unos cuantos años me regaló su primer óleo. A ese siguieron otros, más y mejores; pero, para mí, el que me regaló, el que aquí pongo fotografiado, siempre será mi preferido.

Y “el dibujante” (con unas cuantas comillas) es mi hermano. El nombre de mi blog le ha permitido dar rienda suelta al sentido del humor y a la ironía que le caracteriza, es decir, reírse de su hermana que soy yo y de mis ocurrencias. Ha tomado al asalto una servilleta del bar en el que estábamos y, entre cachondeos por su parte y protestas por la mía, ha hecho la muy elaborada ilustración que sigue.

Vaya para ellos tres: la pintora, “el dibujante” y “ ÉL”, desde este blog, todo mi amor.

Y, por supuesto, para los que de vez en cuando leéis algo de lo que escribo, para los que leéis, incluso, con paciencia, tonterías como ésta.
Como dice en la servilleta, “gracias por su visita”.
Como dice Bunbury en su canción, “astronauta soy, en órbita lunar...”

viernes, 2 de marzo de 2007

Uno sólo conserva...


"Despegando" (Aeropuerto de Newark, Julio 2004)

Tiene dieciocho años y ganas de no pararse ni un solo día, ni un minuto. Tiene un grupo en el que toca el bajo y con el que hace música fuerte, directa y potente. Es estudiante y tiene inteligencia suficiente para, aún estudiando más bien poco, llevar bien el curso; de hecho tiene posibilidades de conseguir una beca y está deseando que se la concedan para marcharse a estudiar fuera. Y es que también tiene muchas ganas de aprender de verdad idiomas, de ver cómo son las cosas en otro país, de conocer y tratar a otras gentes. Tiene prisa y, mientras llega o no el “erasmus”, piensa en este verano y en hacer un viaje con algunos amigos en plan mochilero por Alemania y pasar muchas, muchas juergas. Tiene en mente ir a Londres y ver conciertos. Y tiene ganas de acabar de estudiar y ponerse a currar y tener algo de dinero y poder independizarse. Tiene ganas de apañárselas él sólo.

Y también tiene, desde hace casi un año, una novia.
Al principio no eran las cosas así, ella no era así, le gustó mucho precisamente porque no era así, o eso creyó él, pero ahora sí que es, es de ese tipo de chica que no quiere que su novio vaya a ningún sitio sin ella, mucho menos un año fuera de España, de “erasmus”. Ella no quiere que él piense en juergas o en conciertos. No quiere que unos días de verano los pase de viaje con los amigos. Y si se trata de chicas, ella no quiere que él las tenga cerca; ni como amigas, ni como compañeras, ni como nada. No quiere que piense ni en independizarse, ni en vivir sólo, ni en compartir piso con otros que no sean ella.

Me cuenta que ni puede ni quiere vivir bajo control. Nunca. Mucho menos a los dieciocho años.
Y mientras me pregunta si hace mal en querer romper y se pregunta cómo hacerlo con cuidado, recibe siete llamadas en el móvil. Es ella que quiere saber cada diez minutos dónde está, qué hace, con quién...
Le digo que no, que no hace mal. Y aunque le gustan grupos como “Machine Head” o los “Korn”, le recuerdo un poco de una canción preciosa de Jorge Drexler, esas palabras de la canción “Mi guitarra y vos” que dicen que “uno sólo conserva lo que no amarra” ...

 
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