El “Quilombo”
La semana pasada, a las pocas horas de bajar del avión, después de un viaje fantástico, lo más fastidioso de lo cotidiano lo envolvía todo: el aburrimiento de poner lavadoras, compañeros incompetentes en el trabajo, personas que fingen que te escuchan cuando lo único que quieren es que tú las escuches a ellas, la calefacción que no funciona bien, los que exigen empatía para ellos y para los demás tienen la sensibilidad de un ladrillo, gente que se cuela cuando llega el autobús que llevas media hora esperando...
Pequeñas cosas que te amargan, y otras, no tan pequeñas, que callo.
Afortunadamente llegó el viernes, y el novio de mi “hermanita” esperaba en Barcelona con su casa abierta para nosotros.
Entrar ya de noche por la “Diagonal” es una delicia que quita de golpe preocupaciones varias. Será sólo por un fin de semana, los problemas, el lunes, seguirán, pero de momento la ciudad, da, generosamente, su bienvenida.
Y a media mañana es genial pasear por el “Raval” y dejar que las calles te lleven hasta el “Museo de Arte Contemporáneo”. Allí, en la calle, algo típico de Barcelona: una exposición de puertas, sí, de puertas, con sus colores, sus mensajes, sus invitaciones...
En la terraza del “Ra” toman café unos chicos típicamente alternativos, rompedores, y al lado, dos amas de casa de lo más normal que acaban de hacer la compra en “La Boquería”. Y es que la ciudad más moderna de España ha sido capaz de mantener y vivir y disfrutar la tradición de comprar en el mercado.
Ya por la noche, otro mercado, el de “Santa Lucía” en la "Plaza de la Catedral", vendiendo adornos navideños y todo iluminado, hace pensar que Barcelona es de las pocos sitios en los que los papá noël y demás parafernalia, no son una total horterada.
Y es también una ciudad en la que se puede, sin ninguna disonancia, pasar del “Modernismo” de Gaudí, a lo más novedoso del “Maremagnum” y de ahí a “La Barceloneta”, el barrio de siempre con sus calles estrechas, sus vecinos que se tratan y se conocen de toda la vida, y sus ropas tendidas en las ventanas, secándose en un día especialmente soleado y mirando al mar.
Más contrastes hacen que por “El Born” tiendas cuidadísimas del diseño más actual estén al lado de una sombrerería o de una deliciosa casa de compra y venta de antigüedades.
Son los mismos contrastes que nos llevan a cenar en un restaurante de lo más “in” y moderno, muy en el estilo de Barcelona, y después acabar hasta las tantas de la madrugada en el bar más sencillo, con la música más en directo y el mejor ambiente.
A modo de decoración, banderas en las paredes, taburetes viejos, mesas setenteras...una guitarra va de mano en mano, unas latas vacías con algo dentro para conseguir ruido, se convierten en unas maracas... beber mojitos o whiskey o cerveza, o un poco o un bastante de todo...compartir mesa con desconocidos con los que se acaba cantando y riendo y brindando... los peculiares camareros y los clientes fijos a cual más surrealista...
Olvidar, definitivamente hasta el lunes, pesares y deberes, porque es imposible pensar en problemas u obligaciones cuando se visita por unos días una ciudad tan espectacular como Barcelona, y más si la noche se acaba pasando unas horas nada más y nada menos que en el auténtico y divertidísimo ¡¡“Quilombo”!!
Y lo mejor, estar juntas cuatro personas a las que les encanta, nos encanta, estar juntas.




