miércoles, 19 de diciembre de 2007

El “Quilombo”

La semana pasada, a las pocas horas de bajar del avión, después de un viaje fantástico, lo más fastidioso de lo cotidiano lo envolvía todo: el aburrimiento de poner lavadoras, compañeros incompetentes en el trabajo, personas que fingen que te escuchan cuando lo único que quieren es que tú las escuches a ellas, la calefacción que no funciona bien, los que exigen empatía para ellos y para los demás tienen la sensibilidad de un ladrillo, gente que se cuela cuando llega el autobús que llevas media hora esperando...
Pequeñas cosas que te amargan, y otras, no tan pequeñas, que callo.

Afortunadamente llegó el viernes, y el novio de mi “hermanita” esperaba en Barcelona con su casa abierta para nosotros.

Entrar ya de noche por la “Diagonal” es una delicia que quita de golpe preocupaciones varias. Será sólo por un fin de semana, los problemas, el lunes, seguirán, pero de momento la ciudad, da, generosamente, su bienvenida.
Y a media mañana es genial pasear por el “Raval” y dejar que las calles te lleven hasta el “Museo de Arte Contemporáneo”. Allí, en la calle, algo típico de Barcelona: una exposición de puertas, sí, de puertas, con sus colores, sus mensajes, sus invitaciones...

En la terraza del “Ra” toman café unos chicos típicamente alternativos, rompedores, y al lado, dos amas de casa de lo más normal que acaban de hacer la compra en “La Boquería”. Y es que la ciudad más moderna de España ha sido capaz de mantener y vivir y disfrutar la tradición de comprar en el mercado.
Ya por la noche, otro mercado, el de “Santa Lucía” en la "Plaza de la Catedral", vendiendo adornos navideños y todo iluminado, hace pensar que Barcelona es de las pocos sitios en los que los papá noël y demás parafernalia, no son una total horterada.
Y es también una ciudad en la que se puede, sin ninguna disonancia, pasar del “Modernismo” de Gaudí, a lo más novedoso del “Maremagnum” y de ahí a “La Barceloneta”, el barrio de siempre con sus calles estrechas, sus vecinos que se tratan y se conocen de toda la vida, y sus ropas tendidas en las ventanas, secándose en un día especialmente soleado y mirando al mar.
Más contrastes hacen que por “El Born” tiendas cuidadísimas del diseño más actual estén al lado de una sombrerería o de una deliciosa casa de compra y venta de antigüedades.
Son los mismos contrastes que nos llevan a cenar en un restaurante de lo más “in” y moderno, muy en el estilo de Barcelona, y después acabar hasta las tantas de la madrugada en el bar más sencillo, con la música más en directo y el mejor ambiente.
A modo de decoración, banderas en las paredes, taburetes viejos, mesas setenteras...una guitarra va de mano en mano, unas latas vacías con algo dentro para conseguir ruido, se convierten en unas maracas... beber mojitos o whiskey o cerveza, o un poco o un bastante de todo...compartir mesa con desconocidos con los que se acaba cantando y riendo y brindando... los peculiares camareros y los clientes fijos a cual más surrealista...
Olvidar, definitivamente hasta el lunes, pesares y deberes, porque es imposible pensar en problemas u obligaciones cuando se visita por unos días una ciudad tan espectacular como Barcelona, y más si la noche se acaba pasando unas horas nada más y nada menos que en el auténtico y divertidísimo ¡¡“Quilombo”!!



Y lo mejor, estar juntas cuatro personas a las que les encanta, nos encanta, estar juntas.

martes, 4 de diciembre de 2007

Aunque

Y hubo momentos en los que la magia fue posible.
Y quedó algo bueno para siempre. Y queda.

Aunque ante Salinas o Cernuda tú prefirieses a León Felipe.

¡Ah, sí!
He venido a ver el pájaro en la jaula
y al juez metiendo prisa con su vara
a los que construyen rejas,
a los que construyen cerrojos,
a los que construyen alambradas,
y a los que pegan vidrios verdes en lo alto de las gruesas tapias.
Pero he venido también a ver a los que tejen cables y maromas largas,
a los que rompen los rosarios y los empalman después
unos con otros para que no se muerda la cola la plegaria...
Y a los que construyen canales
y a los que construyen escalas
y a los que tiran en las sombras sondas, como las arañas,
sondas profundas y delgadas
hechas con una secreción carnal, metafísica y amarga
a la que para entendernos de algún modo
los hombres, por ahora, llaman lágrimas.

"¿Y a qué he venido?"
LEÓN FELIPE

sábado, 24 de noviembre de 2007

¿Bailamos?

Hay que esperar a que sea de noche, y dejarse llevar. Sí, la escena se disfruta más si se ve de noche.

Conviene no tener reservas con la música. Porque suena “Save the last dance for me” en la voz de Sam Cooke, un tema deliciosamente soul.

Mejor no tener miedo a pasarse de sentimental. Simplemente hay que dejarse llevar.

Es preferible asumir los tópicos y creer firmemente en esas estrofas de la canción que dicen:
“Baby don't you know I love you so
Can't you feel it when we touch
I will never never let you go
I love you oh so much”


Y es imprescindible no tener prejuicios estúpidos. Y así disfrutar de estos minutos, ya lejanos, de la primera temporada de “Queer as folk”.
Y dejarse llevar por la sonrisa iluminada de Justin, por el guapo e increíblemente sexy Brian Kinney, aquí menos canalla y más encantador que nunca, dejarse llevar por sus pasos en la pista, por su boca...

Simplemente, dejarse llevar. Por la escena y por la música. Y por ellos dos.

¿Bailamos?



Dedicado a todos los chicos que saben bailar y besar al mismo tiempo.

lunes, 12 de noviembre de 2007

It´s Only Rock´n´Roll

Tan nuevos, tan refrescantes y ya tan clásicos.
Tan sencillos, que no simples, y tan completos.
Tan neoyorquinos, con ese sonido garage tan americano.
¡Tan, pero tan buenos!

¡Mesdames et Messieurs, Ladies and Gentlemen, Damas y Caballeros...con ustedes!:

¡¡¡ THE STROKES !!!




Y aquí versioneando nada más y nada menos que “Life is a Gas”

Como decían los Rolling, It´s Only Rock´n´Roll (But I Like It)

Larga vida a los Strokes

Ramones forever

jueves, 1 de noviembre de 2007

Mi memoria



Mi memoria no se la debo al psoe ni a la Ley que llega, sí, pero tarde y con más ruido que nueces.
Mucho menos a ese pp que no quiere recordar, aunque a Franco lo dejarían de recuerdo en todas las plazas.

Mi memoria es la de mi abuelo y el hermano que unos meses antes de la Guerra, en un mitin, se pronunció a favor de los trabajadores. Mi memoria es la de aquellas palabras que le costarían la vida.
Es la de mi tía, socialista de las de entonces, apresada por ello y exhibida en la iglesia, con la cabeza rapada, mientras el cura decía misa.
Mi memoria es la de aquella amiga de la familia a la que visité hace unos años y que ya muy anciana seguía recordando y contando cómo mataron a su marido y a su hermano.
Mi memoria es la de mi bisabuelo, cogido como rehén por los fascistas cuando tomaban el pueblo.
O la de su sobrina que hace cinco años encontró en una fosa común los restos de su padre fusilado y colocó una lápida con letras escribiendo los nombres de los muertos en un intento de dignidad. Mi memoria es la suya que siempre recordará esas letras, tan sólo unos días más tarde, arrancadas y tiradas por el suelo.
Mi memoria es la de aquellos vecinos y amigos de mi abuela que tuvieron que huir a Francia y que acabaron en un campo de concentración.
Es la de mi tío recordando lo que le contaba su madre sobre uno del pueblo. Uno que “decía” nombres al ejército fascista recién instalado y que a cambio recibía diez duros por denuncia.
Mi memoria es la de mi abuela contando cómo al caer la tarde fueron a buscar a su hermano, y cómo lo encontró unas horas más tarde en la cárcel, apaleado y tirado en el suelo. Mi memoria es la suya cuando recordaba que le fusilaron al amanecer, que sólo tenía veintiún años y que no encontraron nunca ni su cuerpo ni el de todos los que mataron ese mismo día con él.

Sí, mi memoria es la de todos ellos. Que tenían nombres y apellidos. Tenían padres, amigos, hijos, un vida. Y tenían esas caras de las fotografías que yo veía con mi abuela en grises y sepia.
En unos tiempos en los que muchos no sabían ni leer ni escribir, ellos tenían cierta cultura e inteligencia. Y las utilizaban para militar buscando pacíficamente justicias y libertades, consiguiendo por ejemplo indemnizaciones para trabajadores accidentados, pidiendo mejoras para los obreros de la fábrica del pueblo...
Por eso, a aquéllos que debo mi memoria, les persiguieron, encarcelaron, les obligaron a huir. Dejaron a sus familias con dolor y miedo para siempre. A bastantes de ellos, incluso, los mataron.
Y todo éso les pasó, como a tantos otros, a pesar de que nunca, jamás, habían hecho ningún daño a nadie.

Lo menos que se merecen es mi memoria.

jueves, 4 de octubre de 2007

Спутник

No es la primera vez que aparecen carácteres cirílicos en este blog. Pudieron “leerse” en aquél post escrito para celebrar el día de la Cosmonaútica, el día en el que Yuri Gagarin, Юрий Гагарин, salió a pasear por el espacio desde Baikonur.

Desde ese mismo cosmódromo se lanzó, tal día como hoy de 1957, el primer satélite artificial, el “Спутник” o “Sputnik”, que significa en ruso “viejo compañero”, “compañero de ruta”, o simplemente, “compañero”.

Quería escribir sobre ello, pero ya lo ha hecho 1133k desde ese inteligente y definitivamente original blog suyo.
Éste es su post: Sputnik I

En lo que al idioma ruso se refiere según otras traducciones “sputnik” quiere decir “compañero de viaje”. Este es mi significado favorito. ¿O es que acaso no es precioso mezclar la tecnología soviética con los poemas de Gil de Biedma?

viernes, 28 de septiembre de 2007

En la pelu


Después de leer el divertido post de Rafael sobre los pelirrojos se me ocurrió escribir sobre mis experiencias en la pelu. Sí, es una estupidez de tema, chorrada monumental, lo sé, pero necesito desahogarme.
Y es que yo, en la pelu, lo paso mal. Sufro.
Los motivos son múltiples y variados, pero por concretar y ordenar ideas y frustraciones, seleccionaría tres:

uno
mi carácter, personalidad y determinación desaparecen por completo: las peluqueras hacen de mi pelo y de mí lo que quieren y no me atrevo a decir ni “mu”
dos
no soporto las conversaciones que la mayoría de las veces, por mucho ruido de secadores que haya, es imposible no escuchar
tres
desde la dueña a las empleadas, todas, en lo que a mí respecta, son más falsas que Judas

Empecemos por el punto tres que es el comienzo de unas horas que serán inolvidables para mí. Ese comienzo consiste en un derroche de halagos:
“oh...qué melena más bonita tienes con ese pelo ondulado tan natural...” “o sea...el color es precioso, oh...esos tonos pelirrojos, cobrizos...” “y qué largo, cuánto te ha crecido...ideal, ideal”
A los pocos segundos de la escena anterior, las mismas tres colegas me dicen con determinación:
“bien, vale, entonces escalaremos y cortaremos” “sí, y habrá que teñir de un tono oscuro, un color chocolate” “y luego peinaremos con la espuma alisante y la plancha para evitar los rizos”
Pienso con todo el derecho del mundo lo escrito en el punto tres, que son unas pelotas hipócritas, pero como ya estoy sufriendo lo descrito en el punto uno, me limito a sonreír tímidamente y cualquier intento de alegar algo acaba en un hilillo de voz que no llega a oídos de nadie. Dicen que van a aplicar una mascarilla de no sé qué y que tendré que comprar la crema y el chamú especial no sé cuántos. Quiero decir que no, que no...pero digo “sí, sí” y me colocan una revista de estas de cotilleos en las manos “¿esta te gusta?”, “no, ni ésta, ni ninguna", pienso, pero (me remito de nuevo al punto uno) callo e incluso leo las últimas hazañas de Britney Spears.

El punto dos es el más heavy de todos. La última vez que fui a la pelu tuve que soportar las siguientes conversaciones:
Una que está tiñéndose de color amarillo limón se queja de lo que llora el niño que acaba de tener, cuenta todo lo que sufrió a causa del embarazo, y culmina describiéndonos el parto, minuto a minuto, sin ahorrarse ningún tipo de detalle. Es de esas que creen que todas las mujeres, por el hecho de serlo, estamos interesadas en lo que una desconocida dilate o deje de dilatar. Y cuando la oigo hablar del momentazo “expulsión y/o extracción de la placenta” me entran ganas de pedirle, por supuesto educadamente, que se calle de una puta vez, pero como soy una persona sin personalidad (leáse el motivo uno), la que se calla soy yo.
Otra, muy joven, muy alternativa, con un pelo negro salpicado de mechas azules, le cuenta a la peluquera que no sale mucho, que a su novio no le gusta que ella salga, que es que la miran otros tíos y su novio se enfada, y que ella pues prefiere no enfadar a su novio...La peluquera le dice que “claro, claro...chica...es que es normal que se ponga celoso” ¿La laca afectará al cerebro? “Pero nena”, me entran ganas de gritarle, “¡que quién decide quién te mira y quién no, eres tú! ¡¡y sólo tú!!” Vale, sí, no diré nada, que mi carácter desapareció en el, a estas alturas, famoso punto uno.
La amiga de la parturienta saca del bolso las fotos de las vacaciones veraniegas: cincuenta o cincuenta mil, no sé. La mitad, con ella tomando el sol boca arriba, la otra mitad, con ella tomando el sol boca abajo. Dice “todo el día pillando moreno...no como mi hermano y mi cuñada que se iban por ahí a ver monumentos y museos...uffff...qué muermos”.
A estas alturas me da igual no tener ninguna determinación para decirle nada a nadie porque parece ser que las peluqueras han acabado conmigo y estoy a puntito de salir por la puerta.

Voy por la calle mirándome de reojo en los escaparates. Bueno, no está mal el corte. Y por las ondas no hay problema, volverán a aparecer en unos minutos. En cuanto al terrible color que me han dejado es cuestión de tres lavados que se vaya aclarando.

Pensaba, mientras iba caminando, en la del parto y el niño, pensaba en su amiga, en la Britney Spears, en la del novio...
Y después pensé en las mujeres de mi vida, en mis abuelas, mi madre, mis tías... Recordé lo mucho que han tenido y tienen de modernas y lo poco de “marujas”, en lo adelantadas y en lo inteligentes que fueron o que son a pesar de los tiempos que les tocó vivir. Pensé en lo poco, poquísimo, nada de nada que ellas se parecían a las de la pelu. Pensé en sus ganas de aprender y de disfrutar y de vivir, tan alejadas de los modos y maneras de esas otras con las que, por obligación, había pasado la tarde.
Sonreí, decidí ir a casa de mi madre para que se riera un poco de mi look y me sentí, aunque esa tarde sufrí como siempre sufro en la pelu, me sentí, digo, tremendamente afortunada.

martes, 11 de septiembre de 2007

NYC

Cumplí mi sueño y fui. Y me enamoré de una ciudad apasionante, fantástica, llena de vida y llena de gente abierta y acogedora.
Pero todo fue un poco más tarde de lo que me hubiera gustado. Porque cuando llegué la ciudad tenía, como si fuese una herida, un grandísimo agujero de más, y lo que es mucho más triste, dos Torres y tres mil Neoyorquinos de menos.


Fotos tomadas en la "Zona 0" de Nueva York en Julio de 2004

viernes, 7 de septiembre de 2007

Cuatro horas y veintinueve minutos

La madre, la más guapa y valiente, parecía estar de acuerdo con el padre, y eso que la respuesta de mi hermano al preguntarle yo cómo se sentía no era precisamente muy normal:

“--¿Qué quieres que te conteste? Te puedo contar muchas cosas, pero nada podrá mejorar lo que dice la canción de Serrat...”


En cuanto a lo de “que crezcan y que un día nos digan adiós”, creo hermanito que puedes hacer simplemente lo que nuestros padres hicieron con nosotros...y ya ves, ni pensamos decirles adiós nunca, ni hemos salido tan mal...

Dedicado con todo mi amor a Diego, que en estos momentos ha cumplido, exactamente, nada más y nada menos que ¡¡¡cuatro horas y veintinueve minutos de vida!!!

 
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